La pintura realista o figurativa es la corriente artística que atrae a mayor cantidad de público. Por eso, los grandes museos como El Prado de Madrid, el Louvre de París o la National Gallery de Londres llenan las salas donde se exhiben los clásicos. En nuestro país ocurre algo similar y La carta de Pedro Lira o La Zamacueca de Manuel Antonio Caro son las obras más reconocidas del público local. Estas obras fueron pintadas hace más de 100 años, sin embargo, la pintura figurativa mantiene su vigencia y evoluciona a la par de los tiempos. Prueba de ello es el interés que ha despertado la muestra de Salvador Amenábar, el pintor radicado en Valparaíso que recorre locales nocturnos para registrar a sus habitantes y, en la quietud de su taller de Cerro Cárcel, compone diferentes escenas cargadas de simbolismo.
Con un excepcional talento para la representación de la figura humana, Amenábar despliega un mundo inquietante y atrayente a la vez. Se trata de situaciones creadas por él donde un mismo personaje se repite en distintas escenas o bien una misma escena puede ser captada desde diferentes ópticas. Entonces, la muestra puede ser vista muchas veces y, como en la vida, recorrerla implica adentrarse en las complejidades de la condición humana para descubrir la belleza implícita. Belleza filtrada por la paleta del autor, que en esta oportunidad se vuelve mucho más luminosa y cálida.