Uno de los mayores atributos de los fotógrafos es la capacidad de ver lo que a ojos inexpertos pasa desapercibido, o ver la fragmentación en el todo, o, al revés, ver la sutileza de las diferencias mínimas. Todo eso queda en evidencia en el trabajo de esta autora formada en la Universidad Católica. A simple vista, su propuesta parece emparentarse con la geometría abstracta, pero bastan sólo segundos para ingresar en el mundo capturado. Entonces, pareciera que al espectador le crecieran alas y todo se vuelve aéreo, ingrávido y la arquitectura, por maciza que sea, se torna tan sutil como las figuras de las aves recortadas en el cielo.
Una exposición mínima (de minimalismo) y esencial.