COCO GONZÁLEZ

Desperté lleno de presagios / Técnica mixta

En 1989, cuatro artistas recién egresados de la Universidad de Chile expusieron en las renovadas salas del Centro Cultural Las Condes. Han pasado 36 años y uno de ellos ha tenido una trayectoria sobresaliente.  No sólo instaló una propuesta audaz y disruptiva, sino que además -en un acto de extrema generosidad- se dio a la tarea de gestionar instancias para que sus pares volaran tan alto como él. Es que “Coco” González Lohse (Santiago, 1965) es un caso excepcional que actúa como un verdadero agente cultural de entre siglos. Así, mucho de lo que vimos a fines del siglo pasado y gran parte de los que hemos visto durante el presente, se lo debemos a la mirada certera, aguda y persistente de este artista de talla mayor. Por eso, sentíamos que estábamos en deuda con él y, de la mano del curador Ramón Castillo, le propusimos una muestra individual de su portentosa obra para que, de manera definitiva, se vinculen su nombre y su ilimitado imaginario.

Coco se formó al alero de últimos maestros de la escuela de arte de la Universidad de Chile y se nutrió de los procesos sociales y culturales que conformaron las últimas décadas del siglo XX. Sin embargo, consciente de su rol en el medio, siempre miró hacia adelante. Es decir, no se conformó con modas o corrientes pasajeras, sino que se proyectó al futuro, a los lenguajes y tecnologías que vendrían. De ahí que su obra abarca formas y materiales tan diversos; puede traducirse en una pintura en pequeño formato ejecutada a la manera de los clásicos o bien en un gran lienzo grafiteado, o un video, o un juguete corpóreo, o en las cerámicas geomorfas aparecidas recientemente. Es que para este autor todas las técnicas son válidas para transmitir sus ideas sobre la contingencia y sus referentes.

Hoy, Coco González Lohse tiene más experiencia y cientos de proyectos y viajes en el cuerpo. Su obra ha crecido con él y acusa la experimentación y práctica constante. Está más maduro, más reposado, pero basta conversar sólo algunos minutos con él para constatar que a los 60 años sigue siendo el mismo joven del ‘89 que mira el mundo con ojos asombrados. Esta muestra es una prueba de ello, una invitación para introducirse en su imaginario, en el planeta Coco y, como Alicia en el país de las maravillas, iniciar el juego. Por algo la tituló Desperté lleno de presagios.