Esta serie fotográfica retrata a niñas gimnastas en sus espacios más íntimos, capturando la tensión entre la infancia y la exigencia de un deporte que demanda disciplina, pasión y una entrega absoluta. A través de estas imágenes, Andrea Manuschevich -ajena al mundo de la gimnasia- se adentra con asombro en un universo donde conviven la belleza del movimiento, la fortaleza física y la elegancia, revelando también la vulnerabilidad y el proceso de crecimiento de sus protagonistas.
Los retratos, realizados en sus dormitorios, muestran cómo estas niñas transforman espacios reducidos en lugares de entrenamiento, enfrentando obstáculos con ingenio y determinación. El contraste entre la organización que requiere la vida de una gimnasta y la espontaneidad propia de la niñez se vuelve evidente en cada imagen.