Este mes, de la mano del colectivo La Factoría del Cómic, presentamos en exclusiva a uno de los mayores hitos de la ilustración nacional: Alfredo Adduard (1899-1969), un chileno de ascendencia francesa que ilustró las páginas más importantes de su época y que, como pocos, trabajó también en el exigente medio trasandino, donde obtuvo importantes reconocimientos. En Chile, pocos años antes de morir, recibió el Premio Nacional de Periodismo mención Dibujo, el reconocimiento más importante para los dibujantes del siglo XX y que también fue otorgado a Coke y Lukas, por citar a algunos.
A diferencia de sus pares, que antes de dedicarse al dibujo estudiaron carreras vinculadas a los medios o la plástica, Adduard se licenció en Medicina en la Universidad de Chile, lo que le permitió un exhaustivo conocimiento de la anatomía humana. Ello, unido a un talento extraordinario para el dibujo, dota a sus figuras de las proporciones ideales, con la medida justa de expresividad requerida por el relato. En términos formales, su obra posee todos los atributos plásticos considerados en una obra de arte, composición, equilibrio, simetría, y bien podría vincularse al movimiento Pop o a los grandes maestros del cómic mundial, como Alex Raymond o Roy Lichtenstein.
Alfredo Adduard no tuvo descendencia y su obra estuvo ausente del catálogo de los coleccionistas y museos por más de medio siglo, hasta que en 2019 Leopoldo Muñoz y Cristián Maturana (La Factoría del Cómic) la rescataron de las sombras para así exhibir su genialidad por primera vez en esta exposición y resolver el mayor misterio de la historieta nacional. Desde entonces, la investigación y búsqueda no ha cesado y a la fecha han adquirido 554 piezas originales del autor, junto a diarios, revistas y otros documentos donde aparecieron impresas, y que en su totalidad superan el millar de archivos.